Okey, sí. Definitivamente el espíritu navideño me quedó en el tacho hace unos cuantos años. Intenté recuperarlo, creí que teniendo niños en casa lo iba a lograr. Pero no. Algo en mí se niega. ¿Será esta especie de ateísmo que me está surgiendo? ¿O el pesimismo? ¿o quizás sea realismo? No creo ser lo suficientemente pesimista. Todavía veo el lado bueno. No me vengan con el nacimiento de niño Jesús ni que nada. Lo importante de la Navidad son los regalos. Lo único positivo y lindo que se le puede ver. A pesar de que es un bodrio comprar regalos, a veces la imaginación se agota.
En cambio, me encanta el Año Nuevo. Esa cuestión de abandonar lo viejo por lo nuevo. De renovarse. Será que me gusta cambiar. O simplemente me entusiasma empezar etapas, cambiar el número del año. Cosas sencillas. Sin mucho significado, brindar a las 12, sonreír por dejar todo atrás, ver arder los muñecos, tomar impulso y seguir.
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