Puedo controlar la gran mayoría de los aspectos de mi vida. Casi todos, menos uno.
Me mantengo sobria. Tengo la capacidad de elegir cuando fumar. Mis vicios, o sus principios se ajustan perfectamente a lo que soy. Los ajusto a mi gusto, dispongo de ellos. Todo mantiene un estricto orden que sólo yo puedo modificar. Mi vida va viento en popa. Fantástico. ¿De qué me puedo quejar? Estoy manejando todo como quiero manejarlo. Mi autocontrol es extraordinario. Llevo años perfeccionándolo. Y cada vez sale mejor. Me contengo de llamarte, de escribirte y de buscarte. Exactamente como debe ser. Como pautamos que sea, como pautaste. Lo que no puedo controlar ni soportar es despertarme cada mañana y que seas lo primero en lo que pienso. Sabiendo que no importa lo que quiera, que no vas a volver. Deseando equivocarme. Pero en el fondo de mi alma sé que en algo tengo razón y no vas a aparecer.
Un poco de histeria femenina cada tanto, no hace mal. Es aliviador cuando se lleva 20 elefantes sobre la espalda y hay que descansar de tan pesada carga.
jueves, 23 de febrero de 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario